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La partida

Primer acercamiento a la realidad

El trabajo pastoral

Segundo encuentro

Elementos significativos

Una eucaristía para recordar y vivir

Comienza la fiesta

Reflexion final

Con mucho colorido, atuendos wayuu, enramadas típicas y al son de la kasha se celebró un siglo del Internado de Nazareth y la llegada de los misioneros capuchinos a la Alta Guajira, las majayut recorrían todo el escenario, se bailó la yonna, se tocaron los instrumentos tradicionales y se tuvo la honorable presencia de la Junta Mayor Autónoma de Palabreros, toda la tradición enalteció a la cultura wayuu.

 

La partida

Una crónica de una visita, sin lugar a duda tiene elementos objetivos; uno transmite lo que vio y palpó, también tiene  una visión subjetiva, cómo percibió y sintió  los momentos de los cuales  era testigos. Ir desprovisto de suspicacia  a un lugar da una visión  desprevenida de los acontecimientos; ir con una delegación jurídica crea inconscientemente  un juicio de valor. Quería de todos modos  ser lo más objetivo en toda apreciación

Después de unas peripecias  del viaje,  retraso  en el vuelo de Bogotá a Barranquilla  con el hermano Rafael y con una puerta a puerta que se detenía en toda puerta, todo pueblo y todo recodo donde podía recoger o dejar un pasajero de Barranquilla a Riohacha,  llegamos a nuestro primer destino.  Allí nos esperaban los hermanos Guillermo Rozo y  Wilson Suárez para nuestro viaje a la alta Guajira.
Muy temprano el día 3 de agosto, en el  comando del ejército nos reunimos  todo el grupo que desde Riohacha sería trasladado a Nazaret: Monseñor Héctor Salah,  un grupo de hermanas capuchinas y dos funcionarias de la educación contratadas

Al llegar  a  Nazaret después de dar varias vueltas  el helicóptero que nos condujo aterrizó en un lugar  donde menos se esperaba. Un enjambre de muchachos y muchachas, niños y niñas se reunían cerca  del helicóptero para saludar entonces comprendí que la  presencia de los capuchinos y de las hermanas terciarias capuchinas  era la viva expresión del importante legado de los hermanos y  hermanas que trabajaron   por más de 100 años en esta tierras.  Una fecha era sólo un símbolo, detrás de todo eso se escondía una profunda experiencia de amor, de Dios y de un trabajo por un pueblo indígena.